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El potencial de las variedades nativas y mejoradas de maíz
 
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 Alejandro Espinosa y colaboradores
   
               
               
México vive una falta de grano de maíz, que lo obliga a
im­portar siete millones de toneladas cada año. Su origen se ha­lla en la inadecuada estrategia agropecuaria que han se­gui­do los responsables gubernamentales, al considerar que convenía importar grano en lugar de producirlo bajo el argumento de que el precio internacional en términos re­lativos era menor al que se pagaba por tonelada aquí —por cada tonelada se ahorraban aproximadamente 20 dólares. Nunca se consideró que producirlo en el país tenía las ven­tajas invaluables de la derrama económica que genera la ocu­pación, el impacto social, ni la conservación de nuestra identidad ni aun la soberanía alimentaria.

La capacidad instalada para producir maíz en México no fue estimulada correctamente, desde 1994 no se otorgó apoyo a la producción y productividad de maíz, por lo que se ha erosionado la infraestructura y los elementos con que cuenta el país para incrementar la producción de este cultivo. El último golpe fue atestado por la entrada en vi­gor del tlc, por las desventajas comparativas de los agri­cul­tores mexicanos con respecto a los subsidios que se otor­ga a los productores de maíz en Estados Unidos, y la des­es­ti­mu­lación de su producción con el argumento de que so­braban miles de productores de maíz en el campo y debían de­dicarse a otros cultivos.

Asimismo, la investigación agronómica no recibió apo­yo, ni tampoco el acceso a fertilizantes, agroquímicos, in­sec­ticidas, herbicidas a precios justos, asesoría técnica, así como a tecnología desarrollada en México, que podría coad­yu­var a una mayor producción de maíz en el país, como es el caso de las semillas mejoradas creadas en instituciones na­cionales de investigación.
Una variedad mejorada se define como el conjunto de plantas con cierto nivel de uniformidad, producto de la apli­cación de alguna técnica de mejoramiento genético, con ca­racterísticas bien definidas y que reúne la condición de ser diferente a otros, y estable en sus características esen­­cia­les; generalmente tiene mayor rendimiento que las va­rie­da­des que le antecedieron, así como con­di­cio­nes favorables de calidad, precocidad, resistencia a plagas y en­­fermedades, y un potencial de uso para las regiones para las que se recomienda. Todas estas características la ha­cen de­­seable.
 
La semilla de variedades mejoradas, para una óptima ex­pre­sión de su potencial de rendimiento, requiere la apli­cación de los resultados de la investigación de otros com­­po­nen­tes tecnológicos tales como densidad de población, fertili­zación, fechas de siembra, labores de cultivo, apli­­ca­ción de herbicidas, así como otras recomendaciones para el co­rrec­to manejo del cultivo; sin embargo, una aspiración legítima de los investigadores genetistas es la de formar variedades que, con la simple sustitución de la semilla que le antecede, incrementa el rendimiento, la calidad o la carac­terística favorable de interés antropocéntrico que se busca obtener.
 
La obtención de una nueva variedad implica de 12 a 15 años de trabajo de investigadores de dife­ren­tes disciplinas (genetistas, fitopatólogos, entomólogos, fisiólogos, espe­cia­listas en semillas, etcétera), y existen casos don­de este pe­riodo se prolonga por mucho más tiempo y difícilmente se logra la liberación de materiales.
 
En México, desde 1942, el Instituto Nacional de Investi­gaciones Agrícolas (INIA), así como el Instituto de Investiga­ciones Agrícolas (IIA) y la Oficina de Estudios Especiales (OEE) —organismos antecesores del inifap— desarrollaron variedades mejoradas de diferentes cultivos, las cuales re­pre­sentaron para los agricultores mexicanos opciones de mayores ingresos, menor costo y tolerancia a enfermedades y factores limitantes de la producción. Las variedades mejoradas se inscriben ante el Catálogo Nacional de Varie­dades Vegetales (CNVV), que depende del Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS); al es­tar las variedades registradas en el CNVV se incorporan en­ton­ces al proceso para obtener la calificación le­gal y contar con la certificación de la semilla. Cada nueva varie­dad debe ser evaluada por lo menos durante tres años y en caso de lograr rendimientos satisfactorios similares o su­­pe­riores a las variedades testigo comerciales, puede ser in­­corporada al Boletín de Variedades Recomendadas (BVR), pu­blicado por la sagarpa.
 
El inifap y sus antecesores desarrollaron, de 1942 a la fecha, 1 097 variedades de diferentes cultivos, debida­men­te inscritas, de las cuales 246 son variedades e híbridos de maíz. Ciertamente, las variedades mejoradas desarrolladas en algunos casos no han sido suficientes y debe reconocerse que en general la investigación, desde sus inicios, ha privilegiado la agricultura de mayor potencial productivo, por lo que tiene una deuda con la agricultura y los agri­cul­tores tradicionales y de subsistencia.

Un número importante de variedades de diferentes cultivos, principalmente de maíz y frijol, han sido de­sa­rro­lladas por instituciones como la uach, udg, uanl, unam, ­uaaan, pero sin ser inscritas ante le cnvv. Finalmente es­tán todas las variedades nativas o criollas, principalmente ­para autoabasto, que se siembra en 75% de la superficie na­cio­nal de cultivo de maíz, con las cuales evidentemente se con­tinuará sembrando de esa manera, con base en la se­lec­ción y mejoramiento tradicional.


Variedades mejoradas disponibles


Las variedades mejoradas disponibles tienen el potencial para lograr el in­cre­men­to en la producción de maíz que necesita México. En el inifap se ha rea­lizado mejoramiento genético a partir de 10 de las más de 50 razas na­tivas de maíz, desde hace décadas. Con ellas se ha podido cubrir las dis­­tin­tas provincias agronómicas. Hay maí­ces me­jorados para los quince grandes macroambientes, que con­sideran grandes regiones agroclimáticas del país (Tró­pi­co, Bajío, Al­­tiplano, Transición, Meseta semiárida del nor­te y Subtrópico semiárido, así como el uso de riego, hu­me­dad resi­dual o bien precipitación pluvial) y las cuatro pro­vincias agro­nó­micas de la tierra de la­bor (riego, muy bue­na, buena y me­diana productivi­dad) de cada una de ellas. Para es­tas 24 con­diciones agro­cli­máticas se han sucedido varias ge­nera­ciones de ma­te­ria­les genéticos cada vez más adap­ta­dos a sus condi­ciones agro­cli­máticas, con mayor resisten­cia a en­fermedades y con ma­yor potencial de rendimiento y uniformidad feno­tí­pi­ca. En total, desde la Ley de Semillas pro­mulgada en 1991, el inifap ha liberado 168 varieda­des me­jo­ra­das de maíz, de las cuales 84 son hí­bridos y 84 va­rie­da­des de polini­za­ción libre. Los híbridos han sido de­sa­rro­lla­dos para las pro­vincias agronómicas de mayor cali­dad, mientras que las va­riedades de polinización libre se aprove­chan en las pro­vin­cias agronómicas de me­nor cali­dad. El sis­tema uni­versitario pú­blico también ha de­sa­rro­lla­do y liberado maí­ces mejo­ra­dos, si bien sus con­tri­bu­cio­nes han sido puntuales.

Así, por ejemplo, en la superficie que constituye la suma de todos los macro ambientes de mediana productividad (estimada en 3.116 millones de hectáreas), el tipo de va­rie­dades más adecuadas son las variedades sintéticas de po­li­nización libre y las variedades e híbridos no convenciona­les como la V-229 (Comiteca), V-231 A (Teopisca), con adap­­ta­­ción a la Meseta Comiteca, V-233 (Bolita Sequía), reco­men­da­da para la Mixteca Oaxaqueña, V-235 y V-236, espe­cí­ficas para la Montaña de Guerrero, V-237, desarrollada para la Meseta Purepecha, así como hasta 18 variedades desa­rro­lladas in situ para Oaxaca con la participación ac­ti­va de los agricultores, cuya ventaja es el valorar los tipos espe­cia­les de maíz que se pueden promover con base en el uso di­fe­ren­cia­do o los precios atractivos para quienes los cultivan. En otras regiones destacan maíces como H-516 en el Trópico seco, H-50, H-48 y H-40 en los Valles altos, y H-513 y VS-536 en el Trópico húmedo.
 
Considerando en forma integral las provincias, sola­men­te con el uso de la tecnología del inifap, Antonio Turrent ha demostrado que se podrían producir millones de toneladas de maíz adicionales para lograr la suficiencia ali­men­ta­ria, lo que incluye el planteamiento de “Granos del sur”, que aportaría volúmenes importantes de grano de maíz, aprovechando la humedad y agua disponible en el ci­clo otoño-invierno, que generalmente se aprovecha muy poco. Para ello deben utilizarse los nuevos y poten­cial­­men­te mejores híbridos y variedades de maíz.

Sin embargo, debido a la gran diversidad de condiciones que existen en México en el manejo agronómico de maíz, se requiere cientos de variedades mejoradas, ya que se es­tima que podría usarse una variedad por cada cinco mil hec­táreas como máximo, lo que significa que se necesitarían 1 000 variedades para cubrir cinco millones de hectá­reas, la superficie en México, con semilla adecuada. Dichas va­riedades deberán contar con las características de desea­bi­lidad que propicien su uso reiterado, por lo que tiene que ser semilla certificada, aun para provincias agronómicas de mediana productividad, para lo cual se deben emplear to­dos los elementos tecnológicos disponibles.

La semilla es el insumo más importante para elevar la producción de cualquier cultivo (eso ha motivado nuestro trabajo, en 22 años hemos desarrollado nueve híbridos y cin­co variedades con ventajas sobre otros maíces comer­cia­les). Los híbridos de grano blanco rinden hasta 11.5 tonela­das por hectárea, cuando se cuenta con un riego de auxilio, pero en condiciones de buen temporal en los Valles altos rin­den entre 7 y 9 toneladas por hectárea. Las variedades ama­rillas rinden de 7 a 9 toneladas por hectárea en siembras de temporal muy retrasado, donde otras variedades de grano amarillo sólo rinden 2 toneladas por hectárea; pero no sólo eso, no hay variedades amarillas mejoradas co­mer­ciales en los Valles altos.
 
Actualmente proseguimos nuestra investigación en maíz en la fesc-unam para desarrollar mejores variedades de maíz, altamente rendidoras, tolerantes a enfermedades, de ciclo corto, que respondan a la expectativa de los agricul­tores. El problema es que no ha habido interés del gobierno en aprovechar estos desarrollos ni los de otras instituciones públicas, y la difusión y comercialización constituyen un gran obstáculo. Aun cuando existe interés por usar nues­tras variedades por parte de los agricultores, también por empresas de semillas como impulsagro en el estado de Mé­xi­co y otras empresas en Tlaxcala y Guanajuato, resulta di­­fí­cil llegar a zonas distantes de Michoacán, Jalisco y otros estados, en donde hay productores interesados.
 
Es por ello que uno de los efectos determinantes de la falta de un organismo público de distribución es que el po­sicionamiento de las variedades de inifap es limitado, con menor presencia en las principales zonas pro­ductoras de maíz. En caso de no crearse canales de difusión adecuados, el inifap deberá replantear en un futuro su actividad en el mejoramiento genético, ya que sus variedades en proceso de liberación y las liberadas los últimos años tendrán poca justificación. Una alternativa fun­damental para revertir el bajo uso de semilla mejorada de instituciones nacionales podría ser el esquema de mi­cro­empresas, así como la participación de organizaciones de productores.
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La distribución de semillas

En 1961 se creó la empresa pública Productora Nacional de Semillas (pronase) y se expidió la Ley sobre Producción, Cer­tificación y Comercio de Semillas lo cual dio origen al Sistema Nacional de Producción, Certificación y Comercio de Semillas, donde se señala que el Servicio Nacional de Ins­pección y Certificación de Semillas (snics) tenía la res­ponsabilidad de dar seguimiento a la certificación y aspec­tos relacionados con el comercio de semillas; dicha ley fue modificada en julio de 1991, con su respectivo reglamento en 1993. La nueva ley permitió mayor agilidad en el re­gis­tro y autorización de variedades, menores exigencias para la producción y comercialización; pero la pronase dejó de ser la receptora casi exclusiva de las variedades mejoradas desarrolladas por el inifap, con lo cual se inició un proceso paulatino de participación de otras empresas me­dia­nas en la producción y comercio de materiales del instituto, oca­sio­nan­do que la pronase tuviera cada vez menos impacto, ya que tenía otros competido­res ofreciendo las mismas va­rie­da­des, una situación desventajosa para el inifap.

Esta situación quedó establecida en la Ley de Variedades Vegetales emitida en 1996, cuyo reglamento apareció en 1998, donde se de­ta­llan las condiciones y elementos para la protección de los De­rechos de los Obtentores de variedades, lo cual es pa­rale­lo y se consolida con el ingreso de México, en noviembre de 1997, a la Unión para la Protección de Obtenciones Ve­getales. Finalmente, en la administración de Fox se redu­je­ron casi completamente sus actividades, llevando a su ­cierre virtual en 2002, con una operación muy baja por el cierre de la mayoría de sus plantas y delegaciones.
 
La distorsión y los efectos que tuvo la disolución de la Productora Nacional de Semillas (pronase) se reflejan en el hecho que el flujo de variedades mejoradas de origen pú­blico hacia los productores mexicanosde alimentos fue interrumpido.
     
 
Las compañías privadas de semillas con tec­nología y capital transnacional, si bien han cubierto con éxito los nichos del campo mexicano que ofrecen mayor rentabilidad para sus actividades de producción y comercialización de semillas certificadas, concentrándose en el sector definido por híbridos de maíz y de sorgo en regiones de riego y buen temporal, con productores de tipo empre­sa­rial, han dejado fuera del servicio de semillas certificadas a los productores que utilizan variedades de polinización li­­bre, principalmente de regiones menos prósperas, algunas incluso apartadas, que no resultan interesantes para las grandes empresas privadas porque el nivel de comerciali­zación de semilla no es atractivo. Es en estas zonas donde el cierre de la pronase tuvo mayor impacto pues su acti­vi­­dad, la difusión de semilla a precios accesibles, era de im­portancia social.


Finalmente, la estrategia de libre mercado tampoco fue un logro, ya que más de 90% de la venta de semilla de maíz corresponde a las grandes empresas privadas y el precio al que se comercializa la semilla alcanza niveles muy elevados (4.5 a 7 dólares por kilo, o bien 1 500 pesos por saco de 60 000 semillas). El precio de semilla al cual se comercia­li­za la semilla en México es único en el mundo; por ejemplo, en Iowa, 1 000 semillas de híbridos de cruza simple se co­mercializan a 1.34 dólares, en cambio en Sinaloa 1 000 se­millas de híbridos trilineales se venden a 2.00 dó­la­res; dado que estas semillas son más baratas com­pa­ra­ti­va­men­te, en forma globalizada se estima por tanto que 1 000 se­millas de híbridos trilineales deberían comercializarse a 0.67 y no a 2.00 dólares.

¿Qué soluciones puede haber?

Es urgente que se revise en forma seria lo que ocurre. Pri­­mero, para resolver el problema es preciso que se reco­noz­ca que la estrategia hasta ahora no ha sido correcta. La Se­cretaría de Agricultura y la Secretaría de Economía tienen la opor­tunidad de encauzar una estrategia adecuada.

 
Se requiere un análisis detallado de los factores que in­­fluyen en la crisis y hacia dónde camina México si se con­tinúa con el afán de defender la misma política agro­pe­cua­ria con respecto del maíz, que el tiempo ha mostrado que ha sido incorrecta, agudizándose en el sexenio que terminó, con im­portaciones alarmantes de seis mi­llo­nes de to­ne­ladas anua­les de grano de maíz. En nada ayu­da continuar señalando que no hay pro­ble­ma y que Mé­xico es autosuficiente en la producción de maíz blanco que se destina al consumo humano, que lo que se importa es para otros usos. Ya que en términos rea­les se importan grandes volúmenes, con la agravante de que ahora es difícil y sumamente caro adquirir grano en el concierto internacional.
 
México tiene las tierras, las condiciones y la tecnología que se requiere para lograr la suficiencia y soberanía alimentaria; quienes están en la posibilidad histórica de orien­tar correctamente la política en materia de maíz en Mé­xico deberían acercarse a nuestros investigadores.
El problema de abasto de maíz debe tomarse seria­men­te, es urgente que México oriente correctamente su es­tra­te­­gia; fallaron las predicciones de que continuaría siendo económicamente mejor importar grano de maíz que pro­du­cirlo en México.

Las fuerzas del mercado y los precios internacionales de este grano indican que México depende del exterior para su alimentación, aun cuando se afirme que somos auto­su­ficientes.

Debe aprovecharse la tecnología disponible en las uni­versidades y en el inifap; las variedades que han sido desarrolladas, así como toda la tecnología son suficientes para llegar a producir los millones de toneladas de maíz que se requieren en México. Las semillas de maíz transgénico no son necesarias para ello y en cambio los riesgos son muy grandes.
     
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como citar este artículo
Espinosa, Alejandro y et. al. (2009). El potencial de las variedades nativas y mejoradas de maíz. Ciencias 92, octubre-marzo, 118-125. [En línea]
     

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