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El maratón
del desierto
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Héctor Godínez Á.
   
                             
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El maratón del desierto, también conocido como
maratón de las arenas, es una carrera a pie que se realiza cada año en el desierto del Sahara, ubi­cado en Marruecos, en el nor­te de África. Este maratón es considerado uno de los más di­fíciles del mundo, por la gran distancia que debe recorrerse (243 kilómetros) y por las con­diciones ambientales extremas del desierto. A lo largo de seis días, los corredores realizan re­corridos que varían entre 22 y 84 km, en distintos terrenos como suelos pedregosos y du­nas de arena, soportando tem­peraturas que pueden oscilar entre 30 y 50°C. Durante estos recorridos, los corredo­res deben cargar el agua, la co­mida y el equipo (bolsa para dormir, lámpara, brújula, ma­te­rial de primeros auxilios, etcétera) que usarán durante toda la carrera. El agua está limitada a un máximo de once litros diarios por persona, los cua­les son abastecidos solamente en lugares específicos ubicados a lo largo del trayecto.
 
Las características par­ticu­lares en que se realiza este maratón determinan que, pa­ra terminarlo exitosamente, sea indispensable una gran ha­bi­li­dad en la administración de los recursos existentes. Es­to es, que los corredores lleven consigo solamente la can­ti­dad de agua, comida y equi­po necesarios, y que los utilicen efi­cien­temente durante la carrera.
 
De manera similar a los co­rredores, las plantas y los ani­males que habitan en las regiones desérticas de­penden de sus recursos y la forma có­mo los administran para poder sobrevivir en estos ambientes. En el caso de las plantas, la forma en que utilizan sus recursos es funda­men­tal ya que, a diferencia de los anima­les, no pueden moverse a otros lugares para evitar las condiciones ambien­tales des­favorables.
 
El agua en las regiones de­sérticas es escasa la mayor parte del tiempo debido a que las lluvias son irregulares e impredecibles. Esta situación determina que el agua sea uno de los principales factores que limita la distribución y la abundancia de las plantas. Para enfrentar estos problemas, las plantas han desarrollado distintas estrategias que pueden incluir modificaciones anatómicas, morfo­lógicas y fisiológicas. Una de estas estrategias es la que uti­lizan las plantas anuales o efímeras, la cual consiste en eva­dir el periodo de mayor escasez de agua. Las plantas anuales están presentes en el desierto solamente durante la época de lluvias, y es preci­samente durante esta época cuando estas plantas crecen y producen flores, frutos y semillas. Dependiendo de las es­taciones del año en que se concentran las mayores llu­vias es posible encontrar plan­tas anuales de invierno (fi­nales de otoño, invierno y prin­cipios de primavera) y verano (verano y principios de otoño). Las plantas anuales no sopor­tan la sequía, por lo que en es­ta época se marchitan y mue­ren. Sin embargo, las semillas producidas durante la época de lluvias son capaces de soportar la sequía y germinar a la siguiente generación. Distintas plantas como las boragináceas, compuestas, cru­cíferas y portulacáceas, en­tre algunas otras, presentan comúnmente esta estrategia.
Las plantas del desierto pue­den presentar otras estrategias, como la de evitar la se­quía mediante el ahorro de agua. Esta estrategia es carac­terística de las plantas perennes (plantas que sobreviven más de una época de lluvias) y consiste en la presencia de ciertas modificacio­nes estruc­turales que permiten perder el agua lentamente o almacenarla cuando está disponible en el ambiente. Dichas modifi­ca­ciones son variadas e inclu­yen la presencia de una capa superficial gruesa e imper­mea­ble, conocida como cutícu­la, en los tallos y las hojas, la cual reduce la evapotranspiración del agua; la presencia de tejidos suculentos capaces de al­macenar grandes cantidades de agua; la presencia de hojas con áreas su­perficiales pe­queñas que disminuyen la exposición a la ra­diación solar y la existencia de un sistema de raíces exten­sas y super­ficiales que favorece la rápida absorción del agua de lluvia. Algunas plantas como las aga­váceas, las cactáceas y las leguminosas presentan es­te tipo de estrategia.
 
Paradójicamente, algunas plantas perennes presentan otra estrategia que consiste en gastar el agua. Estas plantas son comúnmente conocidas como plantas freatofitas, es ­decir, plantas con sistemas de raíces extensas y pro­fundas que les permiten obtener agua de los mantos freáticos. Las raíces son tan grandes que su peso puede llegar a ser hasta nueve veces mayor que el peso del conjunto de otras partes de las plantas, como los troncos, los tallos y las ho­jas. Dado que estas plantas tienen agua disponible todo el tiempo, pue­den perderla por evapotranspiración sin riesgo alguno ­para su supervivencia. El mez­quite y el palo verde son algu­nos ejemplos de este tipo de plantas.
 
Por úl­timo, otras plantas perennes presentan una estra­tegia que consiste simplemen­te en evitar la deshidratación. Los tallos de estas plantas pro­ducen sus hojas durante la época de lluvias. Sin em­bar­go, dichas hojas se secan y caen tan pronto como el agua comienza a ser escasa. Estas plantas soportan la sequía gra­cias a que sus tallos no presentan hojas, evitando así la pérdida de agua. El oco­tillo es una planta con este tipo de estrategia.
 
Otras plantas del desierto, como algas, musgos y líquenes, son tolerantes a la deshidratación y la sequía. Du­rante la época de lluvias, estos organismos llevan a cabo normalmente todas sus funciones metabólicas, mientras que, durante la sequía, sus te­jidos se secan com­ple­ta­men­te sin sufrir daño alguno. Con las primeras lluvias del si­guien­te año, estas plantas se hidra­tan y vuelven a la vida sin ningún problema.
De la misma manera en que los corredores dependen de sus recursos para terminar el maratón, las plantas del desierto dependen de los recursos disponibles y la forma en la que los utilizan para poder sobrevivir y reproducirse en estos ambientes. Al final, el premio de los corredores consiste básicamente en la satisfacción personal de haber terminado el maratón. En el caso de las plantas, podría­mos decir que el premio consiste en la permanencia exitosa de las especies a lo largo de la evolución.
Referencias bibliográficas
 
Hernández, H. M. 2006. La vida en los desiertos me­xi­canos. Fondo de Cultura Económica, México.
MacMahon, J. A. 1997. Deserts. National Audobon Society Nature Guides, Nueva York.
Whitford, W. G. 2002. Ecology of desert systems. Academic Press, Gran Bretaña.
     
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Héctor Godínez Álvarez
Facultad de Estudios Superiores-Iztacala,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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como citar este artículo

Godínez Álvarez, Héctor. (2008). El maratón del desierto. Ciencias número 90, abril-junio, pp. 34-35. [En línea]
     

 

 

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